Domingo de tormenta

 

Hoy sólo me queda por deciros

que ocupo mi lugar en la poesía,

que la lluvia está llenando

el cajón de las ausencias

y que la tormenta acecha

para alimentarse de nostalgia.

 

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Friedrich, Drifting clouds (Nubes a la deriva), ca. 1820.

Metamorfosis

 

En mi búsqueda de Dios

he convertido

mis deseos en anhelos,

mis pesquisas en cansancio,

mi esperanza en rebeldía.

Ahora quiero hacer de tu sonrisa

un mundo nuevo

y perderme de noche

en tu paisaje.

 

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Ángeles Santos, Un mundo, 1929.

Épocas grises

 

Me he consagrado al silencio

con una calma ecuánime

que ha desolado mis páginas.

Ahora persigo otros secretos

para mi memoria inaccesibles.

Mientras, vigila el tordo al acecho.

Paciente.

 

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Rogier van der Weyden, Retrato de una dama, ca. 1460.

En este tiempo

 

Ahora toca espantar la ruina,

acercar la poesía a los rincones.

Toca imaginar los planes,

caminar a tientas en el sueño.

Toca fingir las despedidas,

ahogarse en los recuerdos,

confiar en el futuro.

 

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Henri Matisse, La alegría de vivir, 1905-1906.

Arraigo

 

Hace tiempo que no leo a Benedetti:

he aparcado la tristeza aunque la añore.

No sé si esto ha traído algo bueno,

el momento se escapa entre mis dedos

y tu mirada va en un tren que se aleja

entre la niebla de mis besos invisibles.

Me quisiste donde anidan mis desastres,

yo pinté poemas dándote las gracias y

me dejé los zapatos en casa aquel día

que confundí tu llamada con mis ganas.

Desde tu silencio escribo verdades

que se confunden entre el humo

y me desentiendo del arraigo de

mis versos (dejan rastro y marca).

He escrito como van Gogh pintaba,

balanceándome en un precipicio de

lucidez precaria.

 

Van gogh, un par de zapatos
Van Gogh, Un par de zapatos, 1886.