Homo Deus. A Brief History of Tomorrow

 

En septiembre hará un año que os presenté la reseña sobre Sapiens. De animales a dioses, de Noah Harari. Entusiasmada ante esa visión poco convencional y ciertamente rupturista de la Historia que ofrecía el autor, no pude por menos que llegar hasta el final, por lo que este año les llegó el turno a sus dos siguientes obras, las cuales forman, junto con Sapiens, una ambiciosa trilogía. Con el fin de acercarme mejor al autor y sus ideas, opté por adquirir las versiones originales de las obras: 21 Lessons for the 21st Century[1] y Homo Deus. A Brief History of Tomorrow[2].

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La luna roja

— La luna estaba roja aquella noche y, cuando la miré a los ojos, me di cuenta de que refulgían fuego, pero no por causa del astro: tenían luz propia.

— Y a pesar de todo lo que cuentas, las bellas palabras que pronuncias por ella, para ella… Nunca te he visto sufrir tanto como cuando compartíais la vida.

— Hijo mío… Eres muy joven para entenderlo. Yo sufría, sí. Pero sufría con amor. Ahora ella se ha ido y mi tristeza es otra, está apagada… No refleja ya la luz de la luna roja.

 

Roja
Fotografía: Ana Fernández Ortega.

 

Huida

Siento que se me escapa,

algo no tangible se me escapa

y no puedo atraparlo

no puedo pedirle que regrese.

Se desvanece en la bruma del ocaso

se va volviendo menos opaco

más inocente menos cauto

indiferente, tal vez.

 

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Giotto, Huida a Egipto, ca. 1305-1306.

Mi montaña

Esta ciudad que ya no es mía

me implora que me quede,

que pise sus calles con poesía,

que desnude sus secretos.

 

Esta ciudad que ya no es mía

sabe que la engaño pero no le importa.

Sabe que sueño la montaña

mientras ella duerme.

 

Esta ciudad que ya no es mía

quiere que me resuma en ella;

no ve que lo único que anhelo

es olvidar los edificios en altura.

 

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John William Waterhouse, The flower picker, 1895.

El caballo de Troya

— Y entonces la diosa Atenea envió dos serpientes que devoraron a los hijos de Laocoonte. Él, al ver lo que ocurría, se lanzó presto a destruirlas, pero fue muerto también.

—¿Pero por qué la diosa quiso matar a Laocoonte y sus hijos? Él sólo quiso avisar a los troyanos de que el caballo podía ser una trampa.

—Porque Laocoonte intentó quemar el caballo lanzando maderos en llamas. Y no se puede destruir un regalo que se hace a una deidad.

—¿Aunque signifique la muerte?

—Aunque signifique la muerte.

 

Laocoonte (16)
Fotografía: Ana Fernández Ortega.