La luna roja

— La luna estaba roja aquella noche y, cuando la miré a los ojos, me di cuenta de que refulgían fuego, pero no por causa del astro: tenían luz propia.

— Y a pesar de todo lo que cuentas, las bellas palabras que pronuncias por ella, para ella… Nunca te he visto sufrir tanto como cuando compartíais la vida.

— Hijo mío… Eres muy joven para entenderlo. Yo sufría, sí. Pero sufría con amor. Ahora ella se ha ido y mi tristeza es otra, está apagada… No refleja ya la luz de la luna roja.

 

Roja
Fotografía: Ana Fernández Ortega.

 

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