La desaparición de Stephanie Mailer

Os pido disculpas de antemano, primero por ofreceros otra reseña del último autor del que os hablé, segundo por seguir ofreciéndoos reseñas del mismo género: el policiaco. Como ya sabéis, leo a un ritmo según el cual me resulta imposible reseñarlo todo, de modo que me veo en la obligación de hacer criba a la hora de hablaros de mis lecturas.

Ya en la última entrada de esta categoría os expliqué que me encuentro en un  momento en que mi ansia lectora me exige novela de misterio, suspense y, grosso modo, thriller. Como desde hace ya algunos años habréis deducido de mi poesía, el verano es para mí una cruz, trae siempre consigo un decaimiento inevitable de mi ánimo y eso me lleva a hacer lecturas que tienen mucho que ver con el entretenimiento y la evasión de mis pensamientos, más que con un puro ejercicio intelectual.

No obstante, y a pesar de todo ello, me gustaría avisaros de que la elección de esta obra como lectura a reseñar no sólo guarda relación con las anteriores líneas, sino que también se ve justificada por tratarse de una novela que me ha mantenido repleta de tensión desde la primera página, lo que ya es algo digno de destacar.

Como sabéis, empecé a leer a Dicker con La verdad sobre el caso Harry Quebert. Atendiendo al orden de sus publicaciones, a esta obra le siguió El libro de los Baltimore, del que como veis no he hecho reseña (por las mismas razones que ya he citado); en esta segunda obra, Marcus Goldman –protagonista de la anterior– se empeñará en destapar todos los pormenores de un drama que le ocurrió a su familia hace años y que terminará explicando multitud de acontecimientos que se fueron sucediendo desde entonces. Personalmente, yo no la encasillaría dentro del género del misterio y, en caso de hacerlo, habría de ponerlo entre comillas y con un “pero” detrás; sin duda, se trata de una obra bastante original.

Vamos ahora con la novela que nos ocupa.

En términos más formales, os diré que, al igual que en las anteriores, me he decantado por la editorial Debolsillo, que nunca me decepciona; puesto que uso mucho el transporte público, salvo excepciones, procuro adquirir ediciones de menor tamaño para poder llevarlas siempre conmigo. En ocasiones, estas decisiones me salen bien y, a veces, me salen mal. Debolsillo es una editorial, en mi opinión, de una calidad exquisita, que cuida mucho los aspectos formales de las obras que publica, como pueden ser el diseño de la portada y contraportada, el tamaño y, sobre todo, la edición interior, especialmente en lo que se refiere a los márgenes (esto es una cualidad de los libros que me obsesiona desde siempre; un buen libro con márgenes lamentables se puede convertir en un mal libro).

Al final del libro, podréis encontrar una lista de los principales personajes[1] –lo cual es bastante útil, puesto que su número aumenta con respecto a obras anteriores– y el índice[2]. Personalmente, siempre me ha parecido más apropiado que este tipo de anexos (al menos el índice) aparezcan al principio de la obra, pues aquéllos que somos un poco paranoicos ante la posibilidad de acceder a las últimas páginas y leer algo que no debemos, procuramos evitarlo a toda costa. Así pues, si queréis acceder a la relación de personajes en caso de que tengáis alguna duda, ya sabéis en qué página de esta edición debéis mirar.

Por supuesto, si queréis tener una edición aún mejor, más apropiada desde el punto de vista del coleccionismo, podéis adquirir la de Alfaguara[3], editorial que todas y todos conocemos y que, sin lugar a dudas, es una de las mejores de nuestro país.

Dejando de lado los aspectos más formales, me dispongo ya a explicaros de qué trata esta obra. En la noche del 30 de julio de 1994, durante la celebración del festival de teatro de la ciudad de Orphea (en la región de los Hamptons), el alcalde, su familia y una vecina fueron asesinados. Jesse Rosenberg y Derek Scott, dos jóvenes policías de la brigada criminal, resolvieron el caso. Sin embargo, veinte años más tarde, la periodista Stephanie Mailer les asegura que se equivocaron de asesino; días después, ella desaparece. Partiendo de este punto, se inicia un exquisito thriller en el que los dos policías, en compañía de Ana Kanner (subjefa de la policía de Orphea) indagan en el pasado para arreglar aquello que hace tanto tiempo había quedado sellado.

Empecemos por referirnos al magnífico dinamismo de la trama, en la que se van intercalando episodios de una duración –en mi opinión– perfecta, narrados por distintos personajes y en diferentes épocas. A pesar del amplio abanico de personajes –entendedme, no estamos hablando de un R.R. Martin, pero tampoco de un Sallinger–, resulta difícil perderse en la trama, pues pronto nos familiarizaremos con ellos y sus situaciones particulares. De repente, nos vemos inmersos en una sucesión de acontecimientos electrizante y cautivadora que aumentará, progresivamente, nuestras ganas por conocer más detalles sobre la vida de todos los personajes.

Creo que el éxito de Dicker reside, precisamente, en su capacidad para ser no sólo ordenado, sino consecuente, en el sentido en que sabe perfectamente cuándo debe hablarnos de cierto detalle o acontecimiento, sin dejarse nunca nada en el tintero.

Otra de las cosas que nos pueden cautivar es la cuenta atrás a la que el autor ya está acostumbrado, como he podido ver en las obras anteriores. Como lectores, asistimos a una narración no sólo cuidada gramaticalmente, sino también temporalmente: pasamos las páginas deseando llegar al punto en que tendrá lugar un acontecimiento trascendental que nos viene siendo anunciado desde el principio de la novela. Sin embargo, llegado este momento, Dicker no lo sobreexplota (algo que suele ocurrir en muchas novelas de este género), sino que nos da lo prometido sin excederse, prosiguiendo con la trama, que está todavía lejos de ver su fin.

Como supongo que nos ocurre en muchas novelas policiacas, como lectores vamos imaginando desde el principio al posible culpable o asesino, que irá cambiando en nuestra mente a medida que avanzamos por las páginas. En ocasiones, incluso podemos adivinarlo antes de que nos sea revelado. Bien. Es muy probable que esto no os ocurra con esta obra. Una de las ventajas que le veo a la variedad de personajes y al hecho de que cada cual vaya contando su historia, es que el escritor logra que nuestras pesquisas y suposiciones se tambaleen cada vez más, de modo que cuando llegamos al final, nos damos cuenta de que teníamos pocas posibilidades de haberlo previsto.

En el plano emocional, la obra está mucho menos trabajada que las anteriores, pero no considero que esto pueda ser objeto de crítica: aquí nos encontramos con una novela policíaca con todas las letras y los motivos sentimentales demasiado desarrollados –como ocurría con Harry Quebert o los Baltimore– podrían atraer nuestra atención de forma indebida y apartarla de lo realmente importante.

Al hilo de esto, veremos que no podremos encariñarnos de manera particular con algún personaje, algo que sin duda sí podía ocurrirnos en obras anteriores. Sin embargo, esto no es motivo para que Dicker no desarrolle una amplia gama de personalidades, que van desde el policía riguroso y perspicaz, pasando por la amante aprovechada y cruel, hasta el estrambótico crítico de literatura, entre muchos otros. Esta variedad de personalidades permitirá al autor desarrollar situaciones muy diferentes: melancólicas, sagaces, cómicas, tensas, absurdas…[4]

Curiosamente, la obra a la que Dicker debe especialmente su fama es La verdad sobre el caso Harry Quebert. Como ya pudisteis leer, me pareció una buena novela, aunque le vi ciertos puntos flojos que la hacían cojear desde el punto de vista de la verosimilitud. No me parece que ocurra lo mismo con esta obra que, si bien se inserta dentro del género del thriller, logra a pies puntillas darle a toda la trama una coherencia excepcional. Por tanto, si me viese en la obligación de quedarme con una de las tres novelas que hasta ahora he leído del autor, me decantaría por esta.

1507-1
DICKER, Joël, La desaparición de Stephanie Mailer, Debolsillo, 2020.

NOTAS:

[1] DICKER, Joël, La desaparición de Stephanie Mailer, Debolsillo, 2020, pp. 649-650.

[2] Op.cit., pp. 651-652.

[3] DICKER, Joël, La desaparición de Stephanie Mailer, Alfaguara, 2018.

[4] Al final de la obra, con respecto a uno de los personajes, se produce un giro dramático que me resultó fantástico y que logró convertir un momento terrible en uno realmente cómico, aunque ligeramente siniestro.

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